Sí, a veces tengo miedo, lo reconozco. Escucho en las calles y en entornos cercanos que somos la juventud del cambio, y no puedo evitar sen=r escalofríos, mientras mi cabeza se llena de dudas. Me pregunto: ¿qué juventud del cambio esperan?
¿La juventud del cambio que avanza? ¿La que se preocupa por la vivienda, por la inmigración? ¿La que teme caminar por la calle por amar diferente o, simplemente, por ser mujer? ¿Somos quienes piensan en el pasado y desean un nuevo futuro, con pensiones dignas y trabajos que nos permitan disfrutar la vida, no solo sobrevivirla? ¿O se refieren a otra juventud? La que mira con nostalgia un pasado que nunca vivió.
La que piensa que tenemos demasiadas libertades y derechos. La que ondea banderas para odiar al vecino, para silenciar, para retroceder en años de lucha de otros. La que u=liza la libertad para atacar las libertades ajenas.
Me asusta ver a jóvenes abrazar un pasado idealizado y rechazar el progreso por el que otros seguimos peleando. Jóvenes que no han tenido que preocuparse por acceder a una educación, que no han visto a su madre llorar por no llegar a fin de mes, ni a su padre despedido por empresarios que solo velan por su comodidad.
Tal vez, como no han tenido que luchar por ciertas libertades, no valoran lo que tenemos ni todo lo que ha costado. Confunden libertad con privilegio, y no entienden que, al atacar los derechos de otros, están debilitando los suyos propios.
Y eso es, en realidad, lo que más me da miedo: que la juventud que abandera el cambio no sea la que quiere construir un futuro más justo, sino la que desea volver a tiempos de desigualdad. Me preocupa que, mientras unos tratamos de tender puentes, otros estén cavando trincheras.
Porque el verdadero cambio no consiste en deshacer lo conseguido, sino en seguir avanzando hacia una sociedad en la que todos tengamos cabida.
Quizás ha llegado también el momento de que la juventud dé valor a la política.
Porque, al final, seremos nosotros quienes heredemos las consecuencias de las decisiones actuales. No podemos permitirnos el lujo de la apatía cuando está en juego nuestro propio futuro.
El cambio real exige compromiso, educación política y participación activa. No basta con indignarse en redes sociales.
Así que, después de todo esto, vuelvo a preguntar: ¿cuál es la juventud del cambio que esperáis?





Impresionante, genial…. Sin palabras 😍