Día 11 de Octubre, día internacional para salir del armario, una jornada que debería servir para concienciar sobre los derechos de las personas LGTBI y en cierta forma, reivindicar aquello que con tanto esfuerzo consiguieron nuestros compañeros, compañeras y compañeres.

Pero en nuestra ciudad todo es diferente, en Alcoi nos levantamos con el ataque a la sede del colectivo LGTBI Ponts d’Igualtat, una agresión homófoba que viene con tarjeta de visita: el Partido Nacional Demócrata.

Este acto nos sirve para ejemplificar como la homofobia va en aumento, un discurso de odio que tiene muchos responsables. Empezando por el propio Ministerio del Interior, órgano que acepta la formación de estos partidos con estatutos que incitan al odio. Continuando con los medios de comunicación los cuales permiten que el mensaje populista vaya propagándose entre la sociedad, provocando el blanqueamiento de un discurso lleno de violencia y en contra de los derechos de las personas. Y como no, finalizando con todos los partidos al frente de las instituciones los cuales alimentan, dialogan y pactan con formaciones como Vox, que quiere revisar leyes LGTBIQ+ y mantener terapias de conversión. Siempre apelando a la democracia donde caben todos los discursos, una democracia vacía y triste que va volviéndose más gris en toda Europa, pues la intolerancia está destruyendo la convivencia que tanto ha costado construir. Una Europa donde se ha cambiado la vergüenza por ensalzar ideas retrógradas por el orgullo a reivindicar la disidencia.

El discurso de odio sí es un delito. La intolerancia está derivando en violencia, agresiones e incluso asesinatos por todo el mundo. Cada día se cometen microagresiones, ataques homófobos… nos matan. Ahí es donde está el límite. Justo en este momento la razón deja de ser válida como réplica, debemos de alzar nuestra voz y unirnos en una misma lucha: la lucha contra el odio y la intolerancia.

¿Debemos de ser tolerantes con los intolerantes? Este es el mensaje que debería trabajarse y lanzarse desde todas las instituciones, medios de comunicación, redes sociales y Gobierno. Un NO rotundo a cualquier expresión que vaya contra las libertades personales y los derechos humanos.

Mientras esto no ocurra, no queda otra que subvertir los ataques de nuestros agresores y devolverles el golpe reconquistando espacios y símbolos que se piensan de ellos.

¿Cuándo será la sociedad consciente del germen que la está atacando? ¿Cuándo se dará cuenta la población de que esta lacra no ataca solamente a un colectivo? Hasta que llegue este momento, nosotros seguiremos trabajando en la concienciación, prevención y lucha contra este tipo de ideologías.

NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA.

Por Juan Borrell Monllor