En las últimas noticias de este gobierno se incluyen las de no asumir responsabilidad porque era cuestión de otro compañero ya fallecido. Eso ya rebasa el límite de todo lo aceptable y se incardina en el peor de los conceptos por definir. Los muertos ya no tienen responsabilidades aunque sus herederos si que las tienen. Intentar culpar a quien ya no está es un despropósito elevado a la máxima expresión. Y además el buscar una fórmula diabólica para eludir responsabilidad patrimonial y profesional es dar a conocer el exterior de unos valores podridos y que jamás han existido. El muerto deja tras de si la dignidad de sus acciones y esas mismas acciones obligan a sus herederos a tener que afrontarlas. Quizás en la vida civil puedan ser rechazadas por causa legal pero las responsabilidades políticas nunca deben fenecer pues deben obligar a todos los políticos de la fuerza o color que sean a mantener sus obligaciones para con la ciudadanía como algo con lo que le va la vida en ello. La política obliga a ser diligente siempre, sin justificaciones y la dejadez de el delante obliga mas al de detrás. En el accidente de Ademuz no caben excusas: o es responsable el de delante o el de detrás que es lo mismo que decir que es el equipo de gobierno el máximo responsable de todo lo acontecido y máxime cuando pertenecen al mismo partido político. Las declaraciones de nuestro ministro de transición ecológica son deleznables y el apoyo de su jefe de filas es aún mayor. Todos los ministros forman un único ser. Hagan el favor de respetar a los muertos y a sus muertos. Lo contrario siempre es y será la peor de sus excusas y de su dignidad, tanto como personas, como órgano colegiado que pretenden ser
Rafael Valls Buitrago






