En mi último artículo LA VERDAD ya decía que mas adelante hablaría sobre la traición, algo que me es realmente repugnante en todas sus dimensiones. Todos hemos sido en algún momento objeto de traición y sin duda que deja huella vitalicia, dado que su raíz es profunda desde el mismo momento en que se recibe. La definición del concepto es de falta cometida al quebrantar la fidelidad o lealtad debida a una persona, grupo, institución o país. Y aunque parezca escueto observen como de desgarrador y extenso es su recorrido pues la puede sufrir una sola persona o bien todo un país, o bien una institución que pudiere ser incluso internacional. Es decir, es un reguero de pólvora que incendia de principio a fin aquello para lo que se ha pensado en herir. No devolver el dinero prestado a un amigo es una traición. Engañar a un amigo es una traición y si es a un grupo la traición aumenta de peso, y si es a una institución la traición se puede convertir en delito, por lo que imagínense lo que puede suponer traicionar a un país. Algo realmente sorprendente e intolerable. La traición se sufre y muchas veces en silencio, pero deja el recuerdo amargo y largo de lo vivido de forma inesperada e indeseable. La traición no se perdona nunca pues el daño causado es inesperado y doloroso. Es como un latigazo que causa dolor en su herida y el sonido de su restallar hasta es tan intenso que rebota sin olvido en la cabeza del que lo sufre. Continuar poniendo ejemplos haría que este artículo dejara de ser interesante, pero como digo, su recorrido es muy largo y no se olvida. Y todo aquel traidor ha de sufrir las consecuencias de su proceder. Incluso la gesticulación del traidor es significativa, pues su mirada es intensa y sin embargo su expresión aparenta relajada. El traidor avanza solo y arrastra al débil que se convierte en su cómplice. Las palabras del traidor duelen hasta en su simple saludo de buenos días y su rastro deja un camino manchado. No sabe el traidor que sus besos son armas poderosas que lo delatan y que sus acciones son tan despreciables que incluso sus risas producen tanto estupor como agravio. Paseando ayer tarde por mi ciudad, pensaba en este artículo y no sabía ni como empezarlo por lo que lo dejaba por su dificultad, pero en este rato me acompaña la musa de la verdad y me vocifera en mi mente lo que poco a poco voy relatando. En mi paseo me asaltó una frase que dejo para terminar esta prosa como es…..el traidor es tan feliz en sus momentos que hasta se considera inteligente, salvo en el momento que su propio proceder, lo traiciona a él mismo, lo cual no tengan duda, ocurre siempre, pronto o tarde, de ahí lo del cazador cazado. Se puede y debe olvidar la traición y jamás un ideal pues no se debe dar tanto valor al traidor como para que rompa en pedazos nuestra forma de ser y de pensar. Pero el traidor…..es un traidor.
Como siempre, un cordial saludo para todos
Rafael J. Valls Buitrago
Graduado en Ciencias Sociales





